Descripción
¿CÓMO PODEMOS SABER QUE IREMOS AL CIELO?
Una encuesta reciente indicó que por cada estadounidense que cree que va a ir al infierno, hay 120 que creen que van a ir al cielo.
Este optimismo contrasta marcadamente con las palabras de Jesucristo escritas en la Biblia: "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan" (Mateo 7:13-14).
La verdad es que, según la Biblia, no vamos automáticamente al cielo. De hecho, el infierno —no el cielo— es nuestro destino por defecto. A menos que nuestro problema de pecado se resuelva de una vez por todas, no podemos entrar al cielo. Esa es la mala noticia.
Pero una vez que eso está claro en nuestras mentes, estamos listos para escuchar las buenas nuevas de Jesucristo. Jesús tomó sobre sí, en la cruz, el infierno que merecemos para que pudiéramos experimentar por la eternidad el cielo que no merecemos.
LAS ÚNICAS DOS OPCIONES
Hay dos posibles destinos cuando morimos: el cielo o el infierno. ¿Podemos realmente saber de antemano adónde iremos? Juan, uno de los escritores de la Biblia, dijo esto: "Os escribo estas cosas a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna" (1 Juan 5:13).
Podemos saber con certeza que iremos al cielo cuando muramos. ¿Tú lo sabes?
Pecar significa no alcanzar los santos estándares de Dios. El pecado fue lo que terminó con el paraíso en el Jardín del Edén. Y todos nosotros, como Adán y Eva, somos pecadores. "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23). El pecado nos separa de una relación con Dios (Isaías 59:2) y nos engaña y nos hace pensar que lo malo es bueno y lo bueno es malo (Proverbios 14:12). El pecado tiene terribles consecuencias, pero Dios ha provisto una solución: "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 6:23).
Jesucristo, el Hijo de Dios, nos amó tanto que dejó las riquezas del cielo para hacerse hombre y librarnos de nuestro pecado. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16). Él vino a identificarse con nosotros en nuestra humanidad y nuestra debilidad, pero lo hizo sin ser manchado por nuestro pecado, autoengaño y fallas morales (Hebreos 4:15-16). Jesús murió en la cruz como el único digno de pagar la pena por nuestros pecados exigida por la santidad de Dios: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Corintios 5:21). Pero en victoria sobre la muerte, Dios levantó a Jesús de la tumba, derrotando las consecuencias del pecado (1 Corintios 15:3-4, 54-57).
Cuando Cristo murió en la cruz por nosotros, dijo: "Consumado es" (Juan 19:30). En aquellos tiempos, "Consumado es" se escribía comúnmente en los certificados de deuda cuando estos eran cancelados. Significaba "Pagado por completo". Cristo murió para que el certificado de deuda que consiste en todos nuestros pecados pudiera ser marcado de una vez por todas como "Pagado por completo".
LA DECISIÓN CRÍTICA
Solo cuando nuestros pecados son tratados en Cristo podemos entrar al cielo.
No podemos pagar nuestro propio camino. Jesús dijo: "Nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6). "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12). Debido a la muerte sacrificial de Jesucristo en la cruz por nosotros, Dios nos ofrece libremente el perdón.
Para ser perdonados, debemos reconocer y arrepentirnos de nuestros pecados. El perdón no es automático. Está condicionado a la confesión: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda iniquidad" (1 Juan 1:9). Cristo ofrece a todos los dones del perdón, la salvación y la vida eterna. "Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente" (Apocalipsis 22:17).
No hay obra justa que podamos hacer que nos gane un lugar en el cielo (Tito 3:5). Venimos a Cristo con las manos vacías. No podemos atribuirnos ningún mérito por la salvación. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8-9). Este don no puede ser trabajado, ganado o logrado. Depende únicamente del generoso sacrificio de Cristo en nuestro favor.
Ahora es el momento de arreglar las cosas con Dios. Confiesa tu pecaminosidad y acepta el sacrificio de Jesucristo en tu favor.
Fuiste hecho para una persona y un lugar. Jesús es la persona, y el cielo es el lugar. Son un paquete —vienen juntos. No puedes obtener el cielo sin Jesús, ni a Jesús sin el cielo. "Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano" (Isaías 55:6). Por toda la eternidad te alegrarás de haberlo hecho.
Si entiendes lo que Dios ha hecho para hacer posible el perdón y la vida eterna para ti, quizás quieras expresarlo con palabras como estas: "Querido Señor, confieso que no cumplo con tu estándar perfecto. Gracias por enviar a Jesús a morir por mis pecados. Ahora pongo mi confianza en él como mi Salvador. Gracias por tu perdón y el don de la vida eterna".
Author: Randy Alcorn
Publisher: Good News Publishers
Published: 04/30/2017
Pages: 6
Binding Type: Paperback
Weight: 0.15lbs
Size: 5.40h x 3.50w x 0.30d
ISBN13: 9781682163504
ISBN10: 1682163504
BISAC Categories:
- Religion | Christian Ministry | Evangelism
About the Author
Randy Alcorn (MA, Multnomah University) is the founder and director of Eternal Perspective Ministries and a New York Times best-selling author of over fifty books. His books have sold over nine million copies and been translated into nearly seventy languages. Alcorn resides in Gresham, Oregon, with his wife, Nanci. They have two married daughters and five grandsons.
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