Descripción
Extracto: Ha pasado UN AÑO, mis queridos Hermanos, desde que San Felipe comenzó a enseñar, a predicar, a conceder gracias espirituales y a establecer aquí su hogar. Os habéis unido a él; os habéis dejado arrastrar a la esfera de su influencia; habéis bebido con agrado de su espíritu peculiar; sois conscientes de muchos favores secretos que habéis recibido por medio de él; en una palabra, por vuestra propia voluntad os habéis hecho sus hijos, y San Felipe os ha adoptado amorosamente. Al pediros, pues, que dediquéis estos tres días a una solemne preparación para su fiesta, sólo os pido lo que os apresuraréis a conceder; y al hablaros de San Felipe, puedo hablaros, no como a extraños, sino como a hijos de nuestro querido y santo Patriarca, que no criticará duramente lo que pueda parecer las exageraciones afectuosas de un oratoriano. No puedo, por supuesto, deciros en tres Conferencias todo lo que pienso o siento sobre San Felipe; como otros Santos que han dejado la impronta de su carácter en la Iglesia de Dios, se le puede ver desde muchos puntos de vista. Deseo, si él se digna a ayudarme, presentaros un punto de vista de él en este Triduo, para que podáis tener una idea verdadera de San Felipe, y de su peculiar espíritu y genio, y por lo tanto de la obra que viene a hacer en Inglaterra en este día. El hecho con el que empezamos es este: Aquí, en un país protestante, cuyo genio de nacionalidad puede decirse que es eminentemente protestante, un número de hombres, completamente ingleses en educación, costumbres, hábitos, sentimientos y modo de pensar, algunos en un lugar, otros en otro, algunos por una razón, otros por otra, han sido misericordiosamente atraídos por el poder de la gracia para abjurar de su falsa religión y salvar sus almas en la Iglesia de Dios. La Iglesia los recibe, y se digna a usar cualquier energía o utilidad que puedan tener para sus propios propósitos. De maneras notables (que sería impropio detallar aquí), no sólo sin premeditación, sino todo lo contrario, y sin ponerse de acuerdo entre ellos, un Santo romano, poco conocido en Inglaterra, y con un genio muy especial, los atrae a sí mismo. Son atraídos casi sin saberlo, algunos en el extranjero, otros en casa, algunos antes, otros después, algunos atraídos por una característica del Santo, otros por otra, y algunos con poca o ninguna percepción distinta de lo que era lo que los atraía tan palpablemente. El Vicario de Cristo, el Santo Padre en Roma, no da una aprobación escueta sino cordial a su acción. Se convierten en hijos de San Felipe, abrazan su Instituto, y se colocan bajo el yugo de su regla. La experiencia les muestra que no fue una guía ciega la que los condujo al Apóstol de Roma; encuentran su Instituto como si hubiera sido hecho expresamente para ellos y sus peculiares circunstancias; cumple más de lo que las palabras pueden expresar cada deseo de sus corazones, encuentran en él todo lo que necesitan, y más de lo que esperaban; y lo que parece aún más extraño, sus ideas, simpatías, gustos, instintos, anhelos, parecen ser una simple expresión intelectual de los suyos. Cuando consideras las variedades de carácter y disposición, de educación, gusto, circunstancias y necesidades, de una veintena de hombres, admitirás que hay algo notable en este hecho.
Autor: Frederick W. Faber
Editorial: Createspace Independent Publishing Platform
Publicado: 19/06/2018
Páginas: 98
Tipo de encuadernación: Tapa blanda
Peso: 0.34lbs
Tamaño: 9.00h x 6.00w x 0.23d
ISBN13: 9781721616596
ISBN10: 1721616594
Categorías BISAC:
- Religión | Cristianismo | Católico
Autor: Frederick W. Faber
Editorial: Createspace Independent Publishing Platform
Publicado: 19/06/2018
Páginas: 98
Tipo de encuadernación: Tapa blanda
Peso: 0.34lbs
Tamaño: 9.00h x 6.00w x 0.23d
ISBN13: 9781721616596
ISBN10: 1721616594
Categorías BISAC:
- Religión | Cristianismo | Católico
Este título no es retornable

