La doctrina espiritual de la hermana Isabel de la Trinidad


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Descripción

La sierva de Dios, Isabel de la Trinidad, fue una de esas almas iluminadas y heroicas capaces de aferrarse a una de estas grandes verdades, que son tanto las más simples como las más importantes, y, bajo la apariencia de una vida ordinaria, encontrar en ella el secreto de una unión muy estrecha con Dios. Este misterio de la morada de la Santísima Trinidad en las profundidades de su alma fue la gran realidad de su vida interior. Como ella misma dijo: "La Trinidad, ahí está nuestra morada, nuestro hogar: la casa del padre que nunca debemos abandonar... Me parece que he encontrado mi cielo en la tierra, porque el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El día que entendí eso, todo se me aclaró...". Obviamente, el fundamento de esta vida sobrenatural es la práctica de las virtudes teologales. La fe es la luz sobrenatural a través de la cual recibimos la revelación de este mundo divino. Nuestra esperanza, sostenida por la omnipotencia de Dios, cuya mano está siempre extendida para ayudarnos, nos permite tender con seguridad hacia la felicidad eterna. La caridad nos establece permanentemente en la amistad y comunión de las Divinas Personas, según la enseñanza de San Juan Evangelista: "Dios es caridad: y el que permanece en caridad, permanece en Dios, y Dios en él" (1 Juan IV, 16). En esencia, solo hay una vida sobrenatural; comienza en la tierra con nuestro Bautismo y alcanzará su pleno desarrollo en el cielo con la visión de Dios cara a cara. La fe es la raíz de toda esta nueva actividad. Es "la sustancia", el principio, el germen "de las cosas esperadas", cosas que un día contemplaremos desveladas. La más mínima luz de fe es, por tanto, infinitamente superior a las intuiciones naturales del mayor genio y del ángel más elevado. Pertenece al mismo orden esencialmente sobrenatural que la visión beatífica. La fe viva, iluminada por los dones de entendimiento y sabiduría, es, en consecuencia, la única luz proporcionada a esta vida de íntima comunión con las Divinas Personas. De ahí que, sobre todo, la Hermana Isabel de la Trinidad se nos presente como un alma de fe, viviendo en una comunión cada vez más perfecta con el mundo invisible mientras, bajo la mano de Dios, el sentido y el espíritu eran purificados a través de los acontecimientos de su vida diaria. Como verdadera hija de San Juan de la Cruz, era consciente de la importancia primordial de la fe en la vida sobrenatural. "Para acercarse a Dios", escribió, "debemos creer. La fe es la sustancia de las cosas esperadas, y la evidencia de las cosas que no aparecen. San Juan de la Cruz dice que nos sirve de pies para ir a Dios, que es poseerlo de una manera oscura. Ella sola puede darnos luz real sobre Aquel a quien amamos; nuestra alma debe elegirla como medio para alcanzar la bendita unión...". Sin descuidar la práctica de las virtudes morales, se la vio aplicarse cada vez más a la actividad interior de las virtudes teologales. "Mi única práctica es entrar en mí misma y perderme en Aquellos que están allí".

Autor: M. M. Philipon Op
Editorial: Createspace Independent Publishing Platform
Publicado: 10/12/2013
Páginas: 280
Tipo de encuadernación: Tapa blanda
Peso: 0.83 libras
Tamaño: 9.02 alto x 5.98 ancho x 0.59 profundidad
ISBN13: 9781492964421
ISBN10: 1492964425
Categorías BISAC:
- Religión | Cristianismo | Católico

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